He sentido miedo paralizante tres veces en mi vida y, afortunadamente, logré superarlo. En esos procesos aprendí cosas muy útiles para para la vida y, cómo no, para el trading. Porque manejar el miedo es vital.

Escuché hace ya mucho tiempo al actor Will Smith decir algo que se me quedó grabado: «las mejores cosas de la vida están siempre al otro lado del miedo». Ignoro si la frase es suya o no, pero lo que sí sé es que es cierta. El miedo es la barrera más importante a la que nos enfrentamos para casi todo. Y lo peor, el sistema utiliza el miedo en contra nuestra.


El miedo a la pérdida

Vayamos por partes. Mi primer miedo paralizante lo recuerdo nítidamente. Yo estaba tumbado en una cama, mirando al techo. No era «mi cama», no era «mi techo», no era «mi casa». Fue la primera noche que pasé en un apartamento alquilado cuando fracasó mi primer matrimonio. Lo recubrí de desesperación por lo que intuía como pérdida de mis hijos, de mi hábitat, de mi «mierda conocida»…

No me sentía capaz ni siquiera de respirar. No dormí en toda la noche y al día siguiente me levanté de la cama a duras penas. Ni tan siquiera logré tragar el café y en estas condiciones me fui a trabajar. Tuve suerte. El psiquiatra me ayudó mucho y me enseñó lo importante que es el miedo. «Lo necesitas para seguir vivo», me dijo, «pero tienes que aprender a lidiarlo y a superarlo», añadió.


El miedo como excusa

La conclusión que saqué de aquél episodio, que duró un par de meses por lo menos, es que el miedo no debe ser usado como excusa. El miedo existe y es libre. Cada cual puede sentir miedo de algo y está en su derecho. Pero una vez reconocido el miedo debe empezar el proceso para utilizarlo en tu favor. En mi caso, usé el miedo a perder a mis hijos como catapulta de recuperación del estado anímico.

«Como realmente vas a perder a tus hijos es si no eres capaz de reír, de correr, de saltar y de montar en bici con ellos», me dije. Y me esforcé por ello. Costaba, ya lo creo que costaba, pero lo conseguí. No perdí a mis hijos, pero no fue por reír, saltar o montar en bicicleta. Fue porque seguí siendo su padre. Correr, reír y saltar me ayudó a la recuperación anímica y la recuperación anímica me ayudó a seguir ejerciendo de padre e incluso a rehacer felizmente mi vida con otra pareja, aunque ese no fuera el primer objetivo.


El siempre necesario plan B

El segundo episodio de miedo paralizante lo viví cuando tuve certeza de que iba a perder mi trabajo tras 22 años. Se planteaba un ERE en la empresa y al analizar mi situación quedaba claro que yo sería uno de los elegidos. Esta vez no hubo un episodio concreto de paralización física, sino días de no poder parar de darle vueltas a la cabeza. Objetivamente, cobraba un pastón, estaba en una edad ideal para el ERE y no tenía precisamente amistades entre quienes iban a confeccionar la lista. De hecho, quien iba a ser el máximo responsable y yo no nos cruzábamos la palabra desde hacía meses.

La única forma que encontré de luchar contra ese miedo fue sustituirlo por una ilusión. Tracé un plan para convertir mi vida en lo que realmente quería que fuera y aprovechar el dineral que me iban a dar por el ERE. Afronté huelgas, manifestaciones y demás circunstancias que componen el proceso de un ERE incluso con alegría. Determinado como estaba a convertir aquello en una oportunidad, perdí por completo el miedo.


Las enseñanzas de Mar

El tercer miedo paralizante lo viví cuando tuve certeza de que mi hija Mar sufría una discapacidad severa y que su vida (y la mía) iba a estar condicionada para siempre. Fue el proceso más difícil de superar porque iba mezclado con rabia y desesperación. La clave estuvo en la disciplina.

Como no me podía quitar a Mar de la cabeza en las 24 horas, me fijé el objetivo de dedicar dos horas diarias al menos al trading. Es una actividad que me evade del resto del mundo y me permitía «relajar el cerebro». Funcionó. El trading fue mi válvula de escape ante el miedo. Me concentré en mi blog, mis indicadores, mis investigaciones, mis sistemas, un nuevo libro… Todo ello en las horas que no eran dedicadas a terapias, a médicos y demás, claro.


El terrible «no puedo»

Mar ya tiene nueve años y el balance con ella es realmente positivo. Me ha enseñado más cosas ella a mí que yo a ella y una ha sido fundamental: ella lo intenta todo y lo intenta siempre. Cada día acompañamos a su hermano a la parada del autobús del colegio y cada día ella intenta subirse en el autobús. Quiere hacerlo y lo intenta siempre aunque sabe que lo tiene muy difícil por no decir imposible. No sabe lo que es el «no puedo» del que hablé en el primer artículo de este nuevo blog.

¿Y cuantas veces es el miedo el causante del famoso «no puedo»? ¿Y cuántas veces es el «sistema» el que fomenta el miedo a muchas cosas, especialmente al cambio, para que todo siga como está? El sistema se sustenta gracias a que nada cambia o cambia muy poco. Pero nos inocula desde pequeños el miedo a ese cambio y nosotros lo generalizamos.


Buscar la «seguridad»

Así tenemos gente que busca casa y trabajo cerca de sus padres, que busca la seguridad de un empleo de funcionario, que se conforma con un mal empleo no vaya a ser que el siguiente sea peor, que no se enfrenta nunca a nada y vive en lo que llama «zona de confort» sin siquiera analizar si eso es una mierda o una maravilla.

Y se compran una casa, con una hipoteca que quita el hipo, con la falsa sensación de propiedad y seguridad. A cambio, la existencia de esa casa no les permitirá aprovechar oportunidades que estén fuera del radio de acción de su existencia condicionada a tener que vivir allí. De hecho, ni las buscarán.


El éxito o el fracaso son cosa mía

Los procesos de superación del miedo que tuve que vivir me permitieron a la larga ir a contracorriente porque no temí las consecuencias de ello. Teletrabajé cuando nadie lo hacía, abandoné la comodidad de mi casa en propiedad y emprendí una aventura por amor lejos de mis raíces. Y me dediqué al trading, a manejar mi dinero sin intermediarios y sin posibilidad de buscar culpables. El éxito o el fracaso son cosa mía.

¿Y no te da miedo? Me lo preguntan muchas veces y la respuesta es compleja. Claro que hay miedo a fracasar con mi trading, pero no es paralizante porque encontré una herramienta para superarlo: tratar siempre con respeto al mercado y tener presente que puede ir en contra tuyo.

sistema MLTZ Total 5.1

La medicina para ello es crear sistemas que puedan demostrar en el pasado lo que han hecho y explotarlos en el presente. Saber que tienes la estadística de tu parte y que esa estrategia te llevará a donde quieres ir te ayuda a superar el miedo. Solemos llamarlo plan de trading y de verdad que es la única forma de estar medio tranquilo en esta lucha diaria contra el mercado.


Las enseñanzas del miedo

Ahora, como diría el jefe de la aldea de los galos de Asterix, «sólo temo que el cielo caiga sobre nuestras cabezas». El miedo está ahí y siempre va a estar, pero no es una opción. Mi primer miedo me enseñó a marcarte objetivos asumibles que al final te llevan al objetivo definitivo. Pasito a pasito. Con constancia. Mi segundo miedo me enseñó a asumir una cosa que expresa muy bien Fito en una canción: «que un día tuerces una esquina y te tuerces tu también». Todo eso que creemos sólido esta «sujeto con palicos y cañicas» y se puede desmoronar en cualquier momento. Por tanto, siempre hay que tener un «plan B» en mente.

Mi tercer miedo, en realidad, no ha sido superado sino que me sirve de acicate para mejorar. Mar es un objetivo en sí mismo y procurar su bienestar futuro es la tarea que preside ahora mismo todo. Sigo concentrado en el trading al menos dos horas diarias y durante ese rato, logro dejar de pensar en Mar. Eso sí, lo que es cierto es que ahora pienso en Mar con una sonrisa. Es una suerte tenerla conmigo.

Trasladado al trading, el miedo me ha enseñado varias cosas. La primera, que es necesario. Si no tienes presente el miedo te puedes volver un osado y a los osados les vuela el dinero en el mercado. Es el miedo a la pérdida el que te lleva a establecer un plan de trading y a no salirte de él. La segunda, que no es lo peor que podemos tener. El miedo en su justo punto (eso que denominamos respeto) es necesario, la codicia, en cambio, es muy peligrosa en cualquier intensidad. Y la tercera, que es superable aunque tengo malas noticias en este punto: se supera con trabajo y ya sabemos todos lo que nos gusta trabajar a la mayoría…

Califica este artículo. Para ello, debes ser usuario registrado en la Zona VIP

Calificación media: 5 / 5. Número de votos: 9

¡Sé el primero en calificar este artículo!

¡Ayúdanos a mejorar!

¿Qué es lo que no te ha gustado?

Si te ha gustado, me haces un gran favor compartiendo este post en tus redes. Muchas gracias

Esta página web utiliza "cookies" porque no hay forma de hacer una página sin usarlas o de que te encuentre un buscador sin ellas. Siempre han estado ahí y no se han comido a nadie. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies